Ana

 Todos los carruajes estaban en la cola,

sementales blancos al frente,

distinguidos condes, príncipes y reinas en la caravana,

las trompetas reales se escuchaban en todo el pueblo,

¡¡¡La princesa Ana volvió!!!


Lleno se encontraba el gran palacio,

niños y niñas corrían de un lado a otro,

ni un solo canto de ave estuvo ausente, 

las mas bellas flores llegaron, 

los arboles mas fuertes y grandes también se presentaron...


Ana en su habitación,

preparándose para su resplandeciente renacer, 

escuchó a lo lejos la joven voz de un hombre

a la que no pudo evitar prestarle atención;

Se escondió detrás del espejo y cuando nadie miraba

de un salto salió de su habitación, 

A encontrar al autor de esa voz se dispuso,

por cada paso la melodía mejoraba en definición y,

difícil de explicar aquella sensación ….


Ana, con la diadema roja y la hermosa sonrisa,

un brillo deslumbrante desbordando de sus ojos

y en cada extremo dos manos tan suaves y nobles,

un vestido de figura y un calzado de realeza, 


Hernández, al ser encontrado no pudo evitar enamorarse...

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